• conexiónsur

A la fuerza

Por: Luis Alfonso Acevedo Escalante

#Opinión. A usted que empieza a leer estas líneas, de ante mano lo felicito si recuerda de lo que voy hablar. Lo felicito, porque en un país como el nuestro parece que es fácil olvidar, tal vez porque somos indolentes o porque cada uno lleva una tragedia consigo, o, simplemente porque una desgracia hace que se olvide la primera. En todo caso, gracias por seguir leyéndome.

Presuntamente

Confío en que recuerden la muerte de Anderson Arboleda, el joven de Puerto Tejada, Cauca, él murió el 21 de mayo del 2020, presuntamente, tras recibir una golpiza por parte de la policía. -Los periodistas debemos respetar la presunción de inocencia-.

Este caso desató la ira y el dolor, no solo de familiares, amigos y conocidos de Anderson, sino que revivió la idea de un racismo enconado por parte de la policía hacia los; y es que a este episodio ya le había hecho antesala uno ocurrido en EUU: otro afrodescendiente murió asfixiado a manos de otros policías, sí, como un remake de una película de horror. Es que solo aprendemos lo malo, diría tu mamá.

Pero ahora era en Cali, Colombia, la tierra donde las mujeres son como las flores, como esas flores que seguramente ahora se marchitan en la tumba de Anderson; se marchitan como se marchita la esperanza de su familia al ver que las autoridades poco hacen para esclarecer lo que pasó. Dicen que se investiga, pero para ellos es como si la familia del lobo feroz investigara la muerte de la abuela de caperucita. No les viene bien la idea que la autoridad investigue la autoridad. Por eso la procuraduría tomo el caso, tal vez ellos puedan tener mayor empatía para ponerse en el lugar de las víctimas y no en el d de los victimarios.

¿Usted tiene empatía? ¿Se imagina los gritos de la tía, la mamá, los amigos y la novia de Anderson? Esos son los gritos de la desigualdad; esas lágrimas representan el desespero de las personas que, por años han sido invisibles para la justicia estatal y social; personas que no han tenido oportunidad ni siquiera de defenderse o de lograr que los culpables paguen sus horrores. Las noches tristes de esta familia son las noches que usted no quiere pasar, esas noches se diferencian de esos momentos en los que usted se acuesta y sabe dónde están sus hijos, sus padres, sus hermanos, sus sobrinos y hasta su amante. La familia de Anderson ahora sabe dónde está él; lo sabe porque allí lo envió la policía, la que presuntamente debía protegerlo a él, a mí y a usted; creo que así lo juramentan. Lo que no conoce la familia de Anderson son los rostros de los responsables; no han visto los ojos que vieron a Anderson pedir clemencia.

Un ángel

Al principio de este artículo dije que una tragedia parecía hacer olvidar la otra, aquí pasó lo contrario. Luego de la muerte de Anderson, presuntamente a manos de la policía, apareció como por arte de magia un salvador, también dentro de esta institución y en Cali, además. Se trata de Ángel Zúñiga, quien en medio de un desalojo se negó a cumplir las órdenes de sus superiores, y optó por grabar un vídeo donde firmemente especulaba sobre las posibles consecuencias que esto traería a su carrera y a su permanencia en la institución.

“Yo sé que me van a trasladar lejos, no sé, pero es algo injusto lo que están haciendo en este momento. No les van a dar vivienda, no les van a dar reubicación. Están abusando de los derechos humanos. Yo soy patrullero y me metí en este ejercicio para proteger a los ciudadanos, no para ser abusivo contra ellos”. Esas son algunas de las palabras de Ángel, ¿No es eso lo que un verdadero Ángel haría en su lugar? Parece que él tiene clara su función, esa que desconocieron los presuntos asesinos de Anderson.

Entonces acá vale la pena preguntar qué está pasando al interior de la policía: mientras unos sobrepasan sus funciones golpeando a los ciudadanos hasta la muerte, presuntamente, otros se niegan a cumplir las órdenes de los superiores. ¿Es la policía una institución donde sus efectivos son cabos sueltos y cada uno hace lo que le da la gana? Ambas situaciones hablan mal de esta autoridad. La primera deja ver un abuso cuando maltratan a un ciudadano, y una complicidad al no revelar las identidades de los que provocaron el presunto homicidio. En el segundo escenario vemos también una injusticia pero a un salvador en medio de ella, esta vez no entre las sombras ni en la oscuridad, si no en un vídeo que se volvió viral y que hizo ir a los medios de comunicación hasta ese lugar alejado de todo y de todos.

¡Ajúa!

De la policía de Cali pasamos al Ejército en Nariño. Allí, el 8 de junio otra noticia estremeció al país e inundó las redes sociales con mensajes de rechazo hacia los responsables, tal como en los hechos anteriores, según cada caso. La noticia ahora era el maltrato animal al revelarse que un soldado, con aparente complicidad de tres compañeros, arrojó al vacío a luna, una perra cachorra de cuatro meses. Estos no ocultaron su identidad, tal vez su necesidad de atención los llevó a grabar la escena y a publicarla.

Aquí no hubo necesidad de investigación como en el primer caso, era evidente quiénes eran los responsables. El comandante del Ejército, Manuel Enrique Zapateiro, confirmó en su cuenta de Twitter que los militares implicados habían sido retirados de las filas. Por su parte, la Fiscalía formuló cargos por maltrato animal y un juez les dictó medida de aseguramiento no privativa de la libertad.

Luna recibió Justicia, el país quedó satisfecho y el ejército siguió en su tarea de preservar el honor y el amor a la patria. ¡Ajúa!

¿Pero es así de fácil? ¿Juzgan al responsable y ya está? ¿No será necesaria una revisión al interior de estas organizaciones? Hemos visto abuso de autoridad, desobediencia y maltrato, no solo a las personas sino a los animales. ¿Estamos tan mal como sociedad y como instituciones que dejamos que esto pase, lo hacemos noticia de la semana y luego atendemos la que sigue en la fila?..

Las guayabas que no fueron jugo

Mientras olvidábamos a Luna, la golpiza a Anderson y al “acto heroico” de Ángel Zúñiga, el Ejército preparaba otro golpe en contra de los derechos humanos, la dignidad y la inocencia. Un par de semanas, luego del acontecimiento de Luna, se denunció la violación de una menor de 12 años por parte de siete soldados, en el Departamento de Risaralda. Blanca* una niña Embera, solo iba por guayabas para el jugo… Pero la cobardía de siete hombres impidió que Blanca* cumplirá su objetivo; ellos hicieron alarde de su fuerza bruta, y quizá, también abusaron de la autoridad que les da portar un uniforme. Eran siete, el número preferido del Presidente Duque, ¿lo recuerdan?..

Al horror que padeció la menor durante horas y, en adelante, se suma la repulsiva insinuación de la bruja del cuento, y además senadora de la Republica, cuando sugiere que una niña de tan solo 12 años pudo consentir tal barbaridad hacia su integridad. Más repugnante y triste es darse cuenta que este no es el único caso; pues en su espacio de Semana TV, Ariel Ávila con un grupo de investigadores, y basados en un informe de la defensoría del pueblo, revelaron al menos cinco casos de abuso sexual, por parte de militares a niñas de la comunidad Nukak Makú en el departamento del Guaviare. Una nueva información entregada por la vice fiscal Martha Mencera, habla sobre la investigación de 13 casos de abuso sexual en la misma localidad, perpetrados por el mismo grupo en cuestión.

Con miedo debo admitir que tal vez no sean los últimos casos de este tipo. Me da miedo porque conozco familias con niñas y soy cercano amuchas mujeres que al igual que las Embera o las Nukak, están expuestas a estas atrocidades. Es increíble cómo una desgracia desata o revela una mayor. Los dichos populares nos advierten que “el que busca lo que no debe, descubre lo que o quiere”. ¿Será por eso que las investigaciones son lentas? ¿Nos cuesta aceptar los crímenes de lesa humanidad cometidos en contra de las personas más vulnerables? O mejor cito a Salcedo Ramos cuando dice que “los habitantes de estos sitios pobres solo son visibles cuando padecen una tragedia. Mueren, luego existen. Este es una parte fea de Colombia y de nuestras Fuerzas, que casi siempre actúan a la Fuerza; digo solo una parte porque dentro de las instituciones habrá muchos Ángeles como el Zúñiga, rebeldes y salvadores al mismo tiempo, pero es que justamente esa es su misión, proteger, entonces eso no debería ser noticia.

Nota: ¿Recuerdan a Dylan Cruz?

*Nombre cambiado para proteger la identidad de la menor.

84 vistas

313 6312634

Cra. 50 #49-79, Andes, Antioquia

© 2020 by Conexión suroeste S.A.S. Hecho con ❤️en el suroeste Antioqueño

  • Conexion Sur YouTube
  • Conexión Sur Facebook
  • Conexión Sur Twitter
  • Icono social Instagram