Robos en Santa Rita generan temor en la comunidad

La noche del pasado 12 de junio sucedió el primer caso. Johan, a quien así denominaremos por seguridad, se disponía a dormir cuando oyó que tocaban a su puerta. Eran cerca de las 10:00 p.m. y aunque lo pensó dos veces, decidió abrir ante el pedido de ayuda de un hombre que le decía que necesitaba un alicate para desvarar su motocicleta. Tras buscar la herramienta solicitada se llevó el susto más grande en toda su vida. “Dos personas llegaron, me apuntaron con una escopeta y con una pistola, me entraron a la casa y nos amarraron a todos, habíamos cinco personas -dos niños- y buscaron en la casa y nos decía que a dónde estaba el dinero, que dónde tenía las armas porque según ellos cada persona tiene una escopeta”.

Al ver a su familia asustada y temiendo más por la vida de sus hijos que por la de él mismo, Johan oraba, al tiempo que trataba de tranquilizar a su esposa y sus pequeños. ¡Notó varias cosas, que los delincuentes tenían acentos y expresiones antioqueñas, que poco o nada les importaba amedrentar con sus armas a las mujeres y a los niños… y que –por curioso que suene- tenían hambre! “Hicieron de comer y se fueron después de las 12. Se llevaron las alcancías de los niños en las que estábamos recogiendo dinero para el cumpleaños. Se llevaron parte del mercado, las argollas del matrimonio, estuvieron dos horas en la casa y tenían a alguien afuera en el corredor para que estuviera vigilante por si veían a la policía o a cualquier persona”.

Tras amarrar y amenazar a su familia por dos horas, los delincuentes huyeron con un botín de por lo menos cuatro millones de pesos. “No es mucho”, dice Johan… pero para un campesino como él, que ahorró esa plata sudando de sol a sol y por más de seis meses, lo cierto es que se trata de una fortuna. Por eso, una vez libres, llamaron a la Policía. “Después que se fueron, estuvimos poco menos de 30 minutos amarrados, y más o menos a la una de la mañana nos comunicamos con la policía y nos contestaron de Medellín de allá nos remitieron a Santa Rita. La policía llegó al otro día, tipo 11 o 12 de la mañana porque no tenían transporte”.

Conexión Sur supo de otros dos casos similares, también en Santa Rita, bajo los mimos móviles. En uno de los casos se llevaron incluso una motocicleta, que, según el Coronel Luis Ángel Quinche, comandante del Distrito N° 9 de la Policía, fue recuperada. La fuerza pública hará un recorrido en la zona de la mano de autoridades locales y la comunidad, para reforzar las estrategias de seguridad y evitar que más casos como estos, sigan ocurriendo en una comunidad agrícola y minera como la de Santa Rita, en Andes, donde trabajar para ganarse el pan, ha sido la constante durante decenas de años.

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